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Harto cansancio

Cansado de mí mismo
y de tener un circunflejo latoso por reflejo.
De respirarme todos los días el redundante aliento de espejo.
De la caída de mis cejas que no destejo por puro necio
y de estas rimas palurdas que dejo donde me pierdo.
Cansado y rendido de no encontrarme de nuevo.

Cansado, bien fundido
de gustar de vil memoria mi rutina y mi desvelo
y que no me importara quedarme entonces ciego.
Cansado de estos dientes que mastican mi alimento
una, tres, cien mil, mil veces y luego un buen provecho.

Las hormigas son más vivas y más verdes
y eso que tienen marcado su sendero.
Y yo que tengo la risa la paz la ira y el duelo
solo elijo estas esquinas en que redundo como un preso.
Y sin embargo estoy cansado del rastrillaje de mi cuerpo
de tirarlo y empujarlo pero que sea mejor estarse quieto.
Las piernas se me vencen de amoratados intentos.

¡Venga vea pase y sienta lo que me falla aquí adentro!
Es que las ruedas de mi cabeza giran en sentido incierto
y me van cansando lento de no mandarme un rayo al pecho
de que solo sean mis ojos los que viajan donde vuelo.

Tengo una nube por calavera y una tormenta de niebla y miedo
y entre los lóbulos que me rodean un laberinto de puro hielo.
La sangre es fría y aunque calienta
rodea mi pulso y aun no la siento.

Y voy cansado semi difunto de no asombrarme de estos huesos,
ni de mi espalda que se desarma bajo la cruz de este desierto
dejando noches dejando albas
dejando súplicas y también sueños.

Cansado de esta vil ironía de tener flores y ningún huerto.
Cansado de darle vuelta al colchón de esta agonía
para dormir en la misma nada del otro lado de los intentos.

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