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A veces he callado

Resulta ser que te he privado de mi boca
y de mi voz de hierro que no se ha doblado
ante la lágrima que desgranaste tras tus ojos
siendo la lanza que se enmarañó en mi costado.

No hablé con lluvias cuando era el fuego.
No fui el estallido de la mecha ardiente.
Y callado muchas veces cuando era necesario
me sumergí en renuncia tras el poniente.

No reconstruiré nunca los fragmentos divinos
de tus ojos mendigando mis palabras.
Y no volveré para llenar tu jarrón de sueños
con las verdes mantas de letras claras.

Pero puedo, con lo bello que me queda de vos
formar un tierno vendaje de ala calma
y arrullarte en vuelo de disculpas y aliento;
así quizás en algún punto acariciar tu alma.


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