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Algo sobre mis manos – #37

Sencillamente: no las controlo. Se mueven casi con propia voluntad. Apuntan lo que piensan, se esgrimen a las batallas. No les tengan miedo, simplemente son así. Todo lo que presencio, es para mí, parte de una obra, todo lo que veo, siento, huelo, toco, supongo, invento, se va escribiendo. Y obviamente los dedos se mueven. Se mueven porque todo se traduce a letras, a trazos, a líneas y versos. Se mueven porque deben proyectar lo que observo. Se mueven porque cada color tiene un verbo, porque la calle sustenta sustantivos, porque las luces declinan sujetos, porque las personas modifican los núcleos, porque las cloacas, los cables, la basura, los afiches descompuestos, la ambulancia embotellada, los pralineteros, los juegos del semáforo, las catacumbas de las instituciones, las florerías del centro, las rendijas de la peatonal, los naranjos, los incendios, todos hacen una oración que no termina en silencio. Mis manos se mueven porque todo está sucediendo.


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