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Así te encontré

Cabizbajo de alma y pateando negras lunas
con las manos hundidas en fracasados bolsillos.
Caminando dentro por pasillos resecados
sobre un vuelo de cenizas y fanales extinguidos.

Totalmente frío de abrazos te encontré:
Sin saber lo que hacías pisaste mi epitafio,
quemando candados y cadenas voladoras
en cascada ascendente de abjurados astros.

¿Y qué me traías entre tus manos pequeñas?
La primera ternura de la timidez florecida.
La cuerda que luego en su red me acunaría.
La reencarnada esperanza que sería confluencia.

¿Y a que me recordabas? ¿Desde dónde?
Traías en tu rostro un aroma de colores,
y de tiempo antiguo, y de humo pasado
a un puerto de nieblas al que nunca he arribado:

Viaje anclado en naufragio, luz desvanecida.
Pero ya no, ya no, niña creciente y evocadora:
coral que he visto bajo el agua lacrimal
en tus ojos yo he puesto mi ancla definitiva.


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