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La carta que ella nunca leerá

¿Cuánto tarda uno en caer al delirio?
Si es por desatino o desvarío tarda, tanto;
Tanto como un giro, como una media vuelta,
asustado sin ser visto y visto asustándose.
Si es por amor tarda siempre. Se demora
los segundos necesarios en que reacciona.
¿Qué podría explicarte si supieras?

Yo anduve con los pies de plastilina
y recuerdo tu cara desvanecida en mi niñez.
Luego:
profundos años inciertos
sin saber de la hegemonía del crecimiento,
y una noche de domingo marcado:
un silencio, unos pasos, la luna eléctrica.

Era noviembre,
mes del renacimiento.
Y ahí, justo ante mis ojos estancados
la gran estrella bajó a tu forma,
y yo, diminuto en la esencia dormida
sentí que mil voces me levantaban,
sentí la sangre moverse y los huesos temblar.

Pasabas paso a paso,
puñal a puñal.
La sombra se hizo clara.
Cierta magia movía tu cabello ardiente;
Cierto misterio se apoderó de tus ojos,
y giraste hacia mí en un saludo agitador:
Yo choqué contra mis paredes,
me desangró por dentro esa voz
y no contesté al no saber que estaba vivo.

Giré desde entonces por los días
como un guardabosques bajo el agua.
El mundo cambió su forma, mi alma
abrió las puertas a una nueva química.

Caminé sin miedo por las sombras,
y un mapa imaginario me ocultaba
que sus caminos a mis pies nuevos
no los llevaría. ¿Cómo podría saberlo?

Así vino el primer delirio
y la poesía llegó a mi puerta,
planetaria, dentro de una semilla.
Y un gran maestro con sus palabras
comprendió lo que yo sentía.
Así el gran amigo viajó con un pergamino
cargado de mi loca esencia recién nacida.
Y fue la vergüenza y la timidez y el silencio.
Así el niño -ahora joven principiante poeta-
comenzó
sus pequeños versos;
sus simples y olvidadas y perdidas líneas,
y amó en silencio tu constante figura
hasta que la amargura de otros valores
aplastó con pies distantes las lloronas hojas
y el pequeño poeta las olvidó y se perdieron.

Más allá de eso, la memoria es fiel
a pesar del tiempo destructor,
y dejar sobre el olvido y el silencio
aquellas ideas primigenias, es una acción
absurda y obsoleta cuando se puede
dar nueva vida a tales esencias.

Por eso están aquí las antiguas letras,
amando y amando en memoria de ese niño.
Y es más absurdo escribirte sin que sepas,
y no me importa si me tornas al delirio:
Soy el irracional, el imbécil, el temeroso,
pero no dejaré que estos poemas mueran,
y te están dedicados, pero eso no lo sabes:
coronada en silencio:
amada incierta.

Sin embargo
hay algo más doloroso que escribirte
sin saberte, sin sentirte, sin conocerte,
y eso es que quizá
nunca los leas.

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