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Nácido

A la hora de mi llanto nací en soledades.
El ángel no miró y siguió de largo.
No me acompañaron ni el arpa ni los mantos solares
sólo la llovizna con su velo escarchado
y el gris de las cornisas de un cielo abombado.

Tendrá la sonrisa de los que andan heridos
pero los ojos le serán un delator abismo.
Parece una mentira, parece un gran cinismo
pero algunas veces pienso:
¡Que tentación la de mí mismo!

¿Habrá alguna puerta para mis hijos?
Sé que hay una para el amor ¿tal vez?
una para mi familia y mis amigos.
Pero esta sala no aguanta a más de uno
y compartirla se agota, de eso estoy seguro.
Tengo un dolor tan pero tan absurdo
que me encargo de que siga en vez de hacerlo humo.

Claro. Vengan y no me digan lo más caro
como que la voluntad fina solo basta para el mármol.
¿Habré nacido de la pira de un fuego desolado?
Uno aprende a amar la costumbre en lo golpeado.
Yo nací en estas ruinas, pero me dieron mis dos manos.
Y detrás de la colina de los reyes destronados
los escombros se combinan en un baluarte cauterizado.
Estos versos me conminan:
Nací solo, moriré solo, pero rodeado.


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